La noticia de que se va a dedicar en España el 25% de los fondos europeos a la "inclusión social y la integración de personas migrantes" ha generado una ola de reacciones de indignación. En parte estas se deben a la ambigüedad en la forma de redactar el enunciado, aunque posteriormente se ha aclarado que la inclusión social no se refiere solo a las personas migrantes, sino a toda la población, pues el sintagma "la integración de personas migrantes" funciona de manera independiente. Dicho esto, son las propias instituciones europeas las que marcan esas metas.
Aun después de aclarada la confusión lingüística, la dificultad para comprender "inclusión social" llega hasta cierto grupo político, que, desde el aparentemente inofensivo refugio de su cuenta oficial de Twitter, la resume hablando de "menas", "ilegales" y "ninis". Pues no.
Porque esto va de un parado de larga duración, que apenas tiene protección material, no sabe usar internet, necesita formación y asesoramiento laboral y está cayendo en una depresión, pero no puede pagar un tratamiento psicológico. Esto va de un grupo de discapacitados que quizá precisen recursos de ocio y tiempo libre, formación y entrenamiento para poder tener un trabajo, primero en un centro especial de empleo y después, tal vez, en una empresa corriente, si es que las asociaciones y los profesionales que podrían producir tal milagro no se han hundido antes por la falta de apoyo de las administraciones y de reconocimiento social de su profesión.
Va de que a un anciano que vive solo, no tiene amigos ni familia que le den afecto y le traigan medicamentos durante el estado de alarma, cuando no se puede salir, alguien le facilite los trámites administrativos que ya no puede hacer porque la cabeza le falla, de que alguien le ayude a calmar su ansiedad, a tratar sus déficits cognitivos, a tener un servicio de teleasistencia ante cualquier emergencia y quizá, porque también tiene derecho, a hacer amigos e integrarse en un entorno que solo le considera un trasto inútil.
Consiste en que una menor que falta al instituto, observa comportamientos de riesgo, sufre bullying, anda en peleas, no tiene futuro laboral, está enganchada a las drogas y además se ha quedado embarazada disponga del apoyo de un equipo de profesionales de varias instituciones, debidamente cualificados y pagados, que trabajen con ella y su entorno de manera multidisciplinar. En que un enfermo de sida, un ludópata o una persona que sufre violencia en su entorno familiar dispongan de la atención adecuada. En que una persona en silla de ruedas no se tope con escaleras en el lugar menos indicado. En investigar, científicamente si hace falta, por qué tanto odio, cómo transformar la intolerancia en respeto. En detectar a quienes excluyen al diferente amparándose en su "derecho de admisión" y actuar en consecuencia. Consiste en conectar con el resto de la humanidad.
Va de que a un anciano que vive solo, no tiene amigos ni familia que le den afecto y le traigan medicamentos durante el estado de alarma, cuando no se puede salir, alguien le facilite los trámites administrativos que ya no puede hacer porque la cabeza le falla, de que alguien le ayude a calmar su ansiedad, a tratar sus déficits cognitivos, a tener un servicio de teleasistencia ante cualquier emergencia y quizá, porque también tiene derecho, a hacer amigos e integrarse en un entorno que solo le considera un trasto inútil.
Consiste en que una menor que falta al instituto, observa comportamientos de riesgo, sufre bullying, anda en peleas, no tiene futuro laboral, está enganchada a las drogas y además se ha quedado embarazada disponga del apoyo de un equipo de profesionales de varias instituciones, debidamente cualificados y pagados, que trabajen con ella y su entorno de manera multidisciplinar. En que un enfermo de sida, un ludópata o una persona que sufre violencia en su entorno familiar dispongan de la atención adecuada. En que una persona en silla de ruedas no se tope con escaleras en el lugar menos indicado. En investigar, científicamente si hace falta, por qué tanto odio, cómo transformar la intolerancia en respeto. En detectar a quienes excluyen al diferente amparándose en su "derecho de admisión" y actuar en consecuencia. Consiste en conectar con el resto de la humanidad.
Porque la lucha contra la exclusión no es patrimonio de ningún partido, sino un objetivo al que todos los ciudadanos y responsables políticos debemos aspirar.
Jorge S.
Jorge S.
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